POR JORGE PERAZA / TIEMPO DE LIDERAZGO
En estos tiempos se ha evidenciado la necesidad de líderes capaces de influir en otras personas de manera positiva, hasta el punto de guiarlas y formarlas en un efecto multiplicador de nuevas generaciones de líderes, con un gran sentido de la realidad y de la responsabilidad, que implica defender lo justo y verdadero.
¿Qué significa la "Mayordomía"? Muy sencillo, es cuando sabemos y entendemos que solo somos administradores de algo, ya sea una empresa, casa, ministerio, organización, etc.
Esto viene desde el tiempo de la esclavitud, cuando el amo nombraba a un mayordomo para que se ocupara de los más diversos asuntos. Ahora bien, ¿Cómo llevar esto al liderazgo? ¡Sencillo! tenemos que saber llevar la responsabilidad o cargo que se nos dio con humildad, sin altivez, porque la realidad es que no somos dueños de nada, todo nos ha sido dado.
Debemos cambiar las estructuras del liderazgo actual, por eso, les traemos este tema esperando sea de gran provecho para todos. Queremos enseñar sobre la mayordomía y el verdadero liderazgo a través del servicio. La doctrina bíblica de la mayordomía define la relación del hombre con Dios. Identifica a Dios como el dueño y al hombre como el administrador. Dios hace del hombre Su colaborador para administrar todos los aspectos de nuestra vida.
El apóstol Pablo lo explica mejor diciendo, "Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios" (1 Corintios 3:9).
A partir de este concepto, podemos ver con precisión y valorar no sólo nuestras posesiones, sino, lo que es más importante, la propia vida humana, teniendo en cuenta tres características principales que se deben saber de la mayordomía:
• Reconoce la soberanía de su Señor: Esta es la característica fundamental de un fiel mayordomo, reconocer a Dios como el Creador de todo lo que existe.
•Reconoce su condición de mayordomo: La Mayordomía nos enseña que nuestros derechos tienen límites.
• Es fiel en lo más mínimo: El que es fiel en lo poco, también lo será en lo mucho; y el que no es íntegro en lo poco, tampoco lo será en lo mucho. Finalmente, la mayordomía y el delegar nos ayudan a llevar a cabo la obra del Señor o cualquier responsabilidad que se nos confíe, de forma efectiva.
Cuando recibimos un llamado de la Iglesia o de una empresa, se nos confían responsabilidades específicas. Esto nos convierte en mayordomos de esa responsabilidad y tenemos que llevarlo adelante hasta su feliz término. Tenemos la libertad de cuidar nuestras mayordomías en forma diligente o negligente, sin embargo, llegará el día en que se nos pedirá que demos cuenta de ellas.
La delegación eficaz comprende los principios de mayordomía. Esto requiere que asignemos una mayordomía, enseñemos principios correctos, permitamos que la persona se gobierne a sí misma y la hagamos responsable por esa mayordomía.
Por supuesto que un trabajo bien hecho siempre merece un elogio sincero. “La vocación de un líder es servir". Bendiciones, nos leemos en la próxima emisión…