En múltiples casos, las personas abandonan la actividad
física al no notar una evolución inmediata; sin embargo, la constancia y la
guía profesional son pilares fundamentales para el éxito a largo plazo
Cuando se inicia una rutina de entrenamientos, el cuerpo
experimenta modificaciones internas desde la sesión inicial, pero las metas
estéticas, de ganancia muscular o pérdida de peso, exigen lapsos específicos y
disciplina adecuados a los objetivos personales, según explican los
especialistas.
Anthony Pacheco, Personal Trainer de Gold’s Gym, sede San
Ignacio, señaló que, para quienes buscan aumentar músculo, en las primeras 8 a
12 semanas se obtiene una mejoría por vía neural, fase en la que se obtiene
fuerza antes de que el crecimiento esperado sea realmente visible. Por lo
tanto, es después de este periodo, entre el segundo y tercer mes, que comienza
a manifestarse la hipertrofia muscular, aclaró.
Quienes entrenaron en el pasado cuentan con un aprendizaje
técnico previo y una ventaja biológica conocida como memoria muscular. Esto se
debe a que los mionúcleos (núcleos celulares que incrementan al ejercitarse)
creados anteriormente permanecen en el tejido durante 10 o 15 años, lo que
permite recuperar la condición física con mayor rapidez que una persona
sedentaria.
En cuanto a la reducción de medidas o adelgazamiento, esta
puede observarse desde la primera semana si existe un déficit energético que
permite perder entre medio y un kilogramo de grasa, de este modo, se lograría
bajar de 2 a 4 kg al mes, indicó el entrenador.
Falsas promesas de inmediatez
Pacheco enfatizó que, “para obtener una modificación o
cambio físico significativo, se necesita tiempo y esfuerzo”. Las ofertas en
redes sociales sobre transformaciones radicales en 30 días carecen de una base
real e ignoran la complejidad del funcionamiento biológico del cuerpo,
advirtió.
Por ejemplo, la pérdida de grasa o tejido adiposo en una
persona obesa es un proceso a largo plazo; un déficit energético brusco podría
disminuir la masa muscular, comprometer el metabolismo y generar el efecto
rebote. Durante el primer mes, lo fundamental es aprender bien la técnica y ser
prudentes para evitar lesiones, además de consolidar el hábito deportivo,
recalcó el experto.
Individualidad biológica
Cada persona responde de forma única al entrenamiento debido
a factores como la genética, que determina si los objetivos se alcanzan de
manera rápida, lenta o normal, incluso con planes nutricionales similares,
indicó Pacheco.
El “entrenamiento invisible” —sueño, gestión emocional,
alimentación e hidratación— también juega un papel crucial, pues permite el
desarrollo óptimo de las actividades y una recuperación adecuada, que es cuando
realmente se construye el músculo. Ignorar estos factores puede retrasar los
avances.
Para alcanzar el bienestar deseado, es necesario contar con
la asesoría de un entrenador que determine el tipo de ejercicio y la cantidad,
carga y volumen, a partir de una evaluación personalizada, aseguró Pacheco. Los
profesionales adaptan las rutinas según los requerimientos particulares para
garantizar un progreso real y mantener la motivación.