El robo de credenciales es una amenaza que ya lleva más de una década acechando al mundo. En
Latinoamérica, crece de forma sostenida al ritmo de la digitalización y del aumento del fraude online,
durante el último año se reportaron más de 2.6 millones de credenciales comprometidas en la región
latinoamericana, según un informe de SOCRadar en 2025. ESET, compañía líder en detección proactiva
de amenazas, advierte que el acceso a una cuenta de correo permite a los atacantes llegar a servicios
bancarios, plataformas corporativas, información financiera y hasta historiales médicos.
La forma en la que los cibercriminales llegan a las contraseñas de los usuarios es variada en cuanto a
dificultad o conocimiento técnico necesario. ESET las divide en tres metodologías: las que abusan de
técnicas de ingeniería social, las que utilizan malware y las que ocurren producto de un ataque a la
organización que debiera protegerlas.
1. Técnicas de ingeniería social: Este método usa falsamente el nombre de entidades públicas o
compañías reconocidas para reducir las barreras de desconfianza y aumenta la efectividad de los
ataques. El más utilizado es el envío de correos electrónicos, o aplicaciones de mensajería en los que el
atacante se hace pasar por una entidad legítima para engañar a la víctima y persuadirla de que entregue
sus datos de acceso de forma voluntaria.
Estos mensajes tienen como característica común que apelan a la urgencia y simulan ser una
notificación de algún problema que requiere acción inmediata: inconvenientes con una cuenta, un pago
rechazado, problemas con una reserva, entre miles de excusas. Suelen contener un link malicioso a sitios
que imitan a los legítimos para lograr el robo de los datos sensibles de las víctimas, como contraseñas y
nombres de usuario.

Pie de imagen: Distribución de detecciones de infostealers por país, en Latinoamérica, Fuente telemetría ESET.

ESET -Nota de Prensa

 

Otra forma que toma el phishing es a través de sitios falsos que se posicionan entre los resultados de
buscadores como Google como anuncios patrocinados, debido a que el atacante paga por visibilidad
para suplantar páginas reales. En estos escenarios hasta personas precavidas pueden ser engañadas a
hacer clic en un resultado aparentemente legítimo que replica la identidad visual de bancos, plataformas
de correo, servicios en la nube o empresas de renombre.
2. Distribución de malware específico: Otra vía frecuente para el robo de contraseñas es el uso de
malware que actúan una vez que el dispositivo del usuario ya fue comprometido. En estos casos,
advierte ESET, no hay un engaño puntual ni un mensaje que funcione como alerta, sino que el robo
ocurre en segundo plano, muchas veces sin que la víctima lo perciba.
Los infostealers, keyloggers y spyware tienen en común la recolección de información sensible de forma
continua, incluyendo contraseñas almacenadas en navegadores, datos de autocompletado, credenciales
de aplicaciones y sesiones activas. El impacto de estos tipos de malware, destaca ESET, no se limita a
una sola cuenta, ya que el programa malicioso sigue recolectando credenciales mientras el usuario
utiliza el dispositivo infectado.

 

Pie de imagen: Distribución de detecciones de infostealers por país, en Latinoamérica. Fuente: Telemetría ESET.
Dentro de este mismo ecosistema aparecen los troyanos bancarios, que se enfocan específicamente en
credenciales de accesos a cuentas bancarias y plataformas financieras. Mediante ventanas falsas
capturan datos en el momento que el usuario los ingresa. Este tipo de amenaza, que no es nueva en la
región, superó las 650 mil detecciones únicas durante 2025 de las cuales 110 mil correspondieron a una
misma familia: Guildma.
3. Ataque a organizaciones: Otra fuente relevante de robo de credenciales son los incidentes en los que
las bases de datos de una organización quedan expuestas como consecuencia de una debilidad o falla en
sus sistemas. En los escenarios más críticos, las filtraciones incluyen credenciales completas, ya sea en
texto plano o con mecanismos de protección débiles, lo que permite a los atacantes reutilizarlas de
forma inmediata. Sin embargo, incluso cuando las contraseñas no quedan expuestas directamente, la
filtración de correos electrónicos o nombres de usuario sigue siendo valiosa. Esta información se utiliza
luego como base para ataques de relleno de credenciales o fuerza bruta, aprovechando la reutilización
de contraseñas entre distintos servicios.

ESET -Nota de Prensa

Una vez que una base de datos es comprometida, la información puede circular durante años en foros
clandestinos y reutilizarse en distintos contextos y contra múltiples plataformas. De esta forma, una
brecha puntual en una organización termina amplificando el riesgo para otras empresas y para los
propios usuarios, incluso mucho después de que el incidente original haya sido corregido.
“También existen amenazas que usan fuerza bruta. Estas consisten en probar de manera automatizada
múltiples combinaciones de usuario y contraseña hasta lograr un acceso válido, sin necesidad de
engañar al usuario ni de comprometer previamente su dispositivo. Suele apoyarse en listas de
contraseñas comunes o en credenciales filtradas en incidentes anteriores, aprovechando la reutilización
de claves y la falta de controles adicionales de autenticación. Cuando los servicios expuestos no cuentan
con mecanismos de limitación de intentos o monitoreo adecuado, este tipo de ataques sigue siendo
efectivo, especialmente contra accesos remotos, aplicaciones web y servicios corporativos publicados en
Internet.”, comenta Martina López, Investigadora de seguridad informática de ESET Latinoamérica.
El robo de credenciales puede producirse a través de distintos vectores. El equipo de ESET sostiene que
la prevención no depende de que se tome una sola medida, sino de una combinación de prácticas:
· Usar contraseñas únicas y robustas para cada servicio, ya que el stuffing de credenciales es una
práctica común entre los ciberatacantes con credenciales que son comercializadas.
· Habilitar la autenticación multifactor cuando sea posible, ya que este mecanismo se complementa
con las contraseñas que utilizamos.
· Desconfiar de mensajes inesperados y evitar descargar archivos o ingresar a enlaces sospechosos, ya
que el malware y el phishing siguen siendo las formas más comunes de robo de credenciales.
· Almacenar las contraseñas en gestores, y evitar guardarlas en texto plano o en dispositivos
compartidos.
· Mantener sistemas y aplicaciones actualizadas para enmendar posibles vulnerabilidades que tengan.
· Revisar accesos y actividad inusual en las cuentas, ya sea manteniendo activadas las alertas de inicio
de sesión o buscando dentro de las secciones de privacidad o accesos de las aplicaciones.
En caso de que la contraseña ya haya sido robada, desde ESET destacan que el tiempo de reacción
marca la diferencia entre un incidente aislado o un problema mayor. Por eso, recomiendan:
· Cambiar las contraseñas afectadas y todas aquellas donde se haya usado la misma credencial.
· Cerrar las sesiones activas de la cuenta afectada y desautorizar accesos recientes, en servicios y
aplicaciones donde exista la posibilidad.
· Verificar cambios no autorizados en las cuentas, y monitorear para el futuro: Mensajes,
configuraciones, pagos, entre otros.
· Usar una herramienta de seguridad en los dispositivos potencialmente afectados, para eliminar
códigos maliciosos si los hubiere.
“Si bien el robo de contraseñas no es una problemática nueva, sí es una que sigue creciendo y
adaptándose a las nuevas tecnologías, junto a nuestra vida digital cada vez más compleja. En estas
líneas, la educación digital y las buenas prácticas se vuelven necesarias para proteger nuestra identidad,
información y dispositivos a nivel individual y corporativo. Mantenerse informado es vital para
adelantarnos a las últimas tendencias de seguridad informática.”, concluye López de ESET.